
lunes, 26 de febrero de 2007
Are you talking to me?

Chespirito también es seudónimo

La correa, la correa
(03.11.05)
domingo, 25 de febrero de 2007
Después viniste tú

(31.01.06)
Invitado: Iván Thays 2

Invitado: Charles Bukowski
La carta venía de un pueblecito de Maine.
-No sabía que aún viviera gente en Maine- le dijo a Stobbs.
-No creo que viva nadie allí- dijo Stobbs"
(Charles Bukowski: “Grita cuando te quemes” en “Hot water music”)

¿Maine?
Invitado: Iván Thays

"La mayoría de los andinos iba a un restaurante al frente del lugar del evento. Con Ampuero y Cueto nos íbamos a otros restaurantes y ellos lo veían como un desplante."
"Nunca he reseñado una novela de Ampuero... bueno, creo que El enano sí...."
"En el extranjero mucha gente me conoce no como escritor sino como el blogger de Moleskine."
"Yo quise describir a cierto tipo de escritores que escriben para que los comente un crítico con “el rostro y el cerebro de cáscara de nuez” de González Vigil. Y además ésa es una frase de Hamlet. Pero igual me he arrepentido de la frase porque la gente lo entiende como insulto y no como la metáfora que era."
sábado, 17 de febrero de 2007
Esos despreciables anónimos
(25.8.06)
Amorales y locos no juegan

viernes, 16 de febrero de 2007
Torah! Torah! Torah!

lunes, 12 de febrero de 2007
La sociedad de los bloggers locos

(hoy)
miércoles, 7 de febrero de 2007
La Maju es de Trujillo

"Olvidemos que nos dieron al Apra: los trujillanos nos dieron también a César Vallejo, y eso es suficiente para vivir en deuda con ellos."
(7.6.06)
Conocimiento por contacto

(31-01-07)
¿Cuántas hormigas hacen una estética?

"En inglés se llama The Ant Bully (La hormiga matona). Es, según la crítica americana, una de las peores películas infantiles del cine de Estados Unidos en el año pasado. Las reseñas de Metacritic le dan 59 puntos sobre 100."
(29.01.07)
Para nadie y para todos

(29.01.07)
Mercy!

"Éste es el tipo de cosa que podría (uno imagina) ser causal inmediata de su linchamiento online."
(02.02.06)
Por favor, no plagiamos a cualquiera

(08.08.06)
martes, 6 de febrero de 2007
Play de honor

Lavadito con Ña Pancha
Por César Hildebrandt
El capo Tavito estaba convencido de que era el Vladimir Nabokov de la calle de las pizzas, el Guillermo de Torre del Haití, el Harold Bloom del cómo es y el Dámaso Alonso de un Neruda de repetipuá, que eso era lo que en verdad le correspondía.
Siempre consideró que arrastrarse era una dulce obligación, que rampar era un arte marcial y que apoyar a sus amigos aun a costa de la verdad tenía un contenido casi moral.
Por lo general, sus amigos escribían cosas suaves y entretenidas, charcutería digesta para pasar el rato, y a él le daban el encargo difícil:
–Encuéntrale trascendencia –le ordenaban al capo Tavito, que de capo, en verdad, no tenía nada porque recibía órdenes hasta de los grafómanos pandilleros.Y allí estaba Tavito con su lupa de entomólogo, es decir de autobiógrafo, encontrando la trascendencia de la vaina y la reverberancia ontológica de la cojudez.
Era tan talentoso en el arte de la invertebración que siempre encontraba algo: una medallita milagrosa, una mata con geranios que podía salvarse, una historia chueca que sólo había que enderezar para poder quedar bien y luego recibir palmaditas en el hombrito.
Y se ponía a escribir como sólo pueden hacerlo los que saben que de ellos depende una reputación, con la seriedad del arquitecto que levanta un segundo piso en un suelo blandengue. Y lo hacía de primores. Para eso sí servía Tavito: para decir que algo, que era una vulgar sopa de letras, era faisán al horno, lluvia de Beluga, ostras en el Palace junto al Reina Sofía.
–Te pasaste, compadre. No sé cómo agradecerte esta reseña –le decía un pirañita caminando al sexenio.
–No me agradezcas nada –decía Tavito, con su voz en la mayor, siempre en la mayor–. Hice lo que hacen los amigos.
Cuando alguien que no era de la mancha escribía algo, cuando un provinciano se atrevía a merodear por la Casacor de las letras, cuando una tipa que no había pasado por el taller de Thays lanzaba al triste mercado de lectores de Lima algo talentoso, peligrosamente talentoso, endiabladamente talentoso, cuando un campesino venía con su “arguedismo trasnochado” y sus rabias arcaicas, tan arcaicas como sus utopías, entonces Tavito se ponía la ropa del huachimán Pacheco, el que no aguanta ni un queco, y salía a lanzar silbatazos y tortazos para poner orden en las páginas pertinentes, restaurar la jerarquía en la república de las letras y disolver con gases lacrimógenos, es decir sus reseñas, a los sublevados.
Por ejemplo, cuando una periodista se atrevió a cuestionar como lectora las ridiculeces impresas de uno de sus amigotes –el que le dio chamba y lo hizo conocido por canje–, Tavito se puso cruel y bizantino y llamó a la ladrería para que lo acompañara: había que disolver, di-sol-ver, a niña tan atrevida.
Todos los pitbull del apañe salieron como bestias a morderla y hasta salió el venerable perro de chacra de Perú 21, a quien Mulder pretendió quitarle el nombre sin ningún derecho, para babear tras su fondillo (el fondillo de la niña) y morderlo con encías, ya que hace tiempo dejó la dentadura en un vaso del Melody, no el de Miraflores sino el de Surquillo.
Así era Tavito, que había hecho de una cierta elegancia a la hora del charleo el escudo con el que pretendía ocultar las procesiones internas que lo devoraban, la culpa que en el fondo lo mortificaba por ser tan débil, tan poquita cosa, tan ninguna cosa en un mundo donde, por lo menos, no faltaban el carácter y las peleas a puño limpio.
Porque, al final de cuentas, el pobre Tavito se había convertido en lavador de libros, Ña Pancha de medianías e insultador “ofendidísimo” en los blogs del ambiente cuando alguien se atrevía a recordarle lo que era y el triste papel que tenía en el mundillo literario de Lima City.
Tavito, por ejemplo, decidía, por sí y ante sí, quién podía ejercer la crítica literaria, qué requisitos había que reunir, cómo debía ser esa hoja de vida de respaldo. Y,claro, según los términos de la licitación planteada, sólo Tavito y los ángeles de Charlie, es decir Thays y sus diversas lenguas viperinas, podían criticar porque sólo ellos poseían el fino instinto de la calidad, el tercer ojo de Lobsang Rampa y el quinto elemento que sólo son capaces de tener aquellos que Dios tocó (lo que me reafirma en el agnosticismo).
–La señorita Maribel de Paz no está preparada para criticar libros –clamaba, doctoral, Tavito.
–Hildebrandt es un calumniador, un rastrero y un mezquino –protestaba en su blog Loro.
–Y Beto Ortiz cree que todos somos de su misma catadura –reseñaba.Y así eran sus críticas personales, que, como las otras, estaban siempre dictadas por flujos biliares y regurgitaciones imposibles de describir.
Pero lo que no decía es qué clase de Clemente Palma era él, a quién le había ganado, cuáles eran sus “decisivas contribuciones” al pensamiento crítico ya no del mundo, ya no de América Latina, ya no de la subregión ni del Perú, sino de Chucuito, donde nació para desgracia de la limpieza y gloria de los falsarios.
Y lo que no decía es qué le parecía, en realidad, la huachafería insufrible que con tanta justicia había criticado Maribel de Paz. Así era de honesto y transparente Tavito, el crítico más temido de la comarca. Más temido por sus inferiores, es decir nadie.
http://www.laprimera.com.pe/noticia.php?IDnoticia=33643